No importa la hora o si recién terminé de comer o no. Vivir picoteando es picotear en la vida, lo que encuentro y en cualquier momento. Es no poder sentarse a disfrutar de la comida con una actitud medida, relajada.
Picotear entre comidas es a veces duplicar las calorías en un día, sin siquiera darse cuenta. Es hacerse el distraído, no registrar e ingerir inconscientemente más de lo que el cuerpo necesita.
El no ver el plato lleno muchas veces genera la fantasía de que se cumplió con la dieta propuesta, como si lo incorporado entre las ingestas principales no se sumara. Esto lleva a no bajar de peso. Y esta situación genera la fantasía de que algo no funciona bien y que no depende de uno: problemas tiroideos, menopausia, falta de actividad física, alguna tendencia genética determinada. Se busca algo externo en quién depositar la responsabilidad del aumento de peso, para así finalmente seguir comiendo. Esto es autoengaño y lo peor de todo es que se puede sostener toda la vida.
Hacer conciente lo automático, registrar el ingreso de comida y calcular las calorías permite asumir el control de la problemática.
Con atención, cortando el desborde y respetando la medida es factible lograr una distancia óptima con el exceso, ya sea de grandes cantidades de comida como de pequeñas dosis de alimentos adictivos, que se utilizan como alivio en forma inconciente o voluntaria a lo largo del día.
Muchos momentos de ocio, aburrimiento, inquietud, depresión, estímulos publicitarios constantes y marketing alimentario, facilitan la asociación directa con la comida como una actividad en sí misma.
La base del cambio está en romper esa asociación, incorporando en lugar del picoteo otros hábitos que no deterioren la salud física y emocional. Es una oportunidad para incorporar más líquidos y actividad física en momentos de ocio. O simplemente: leer, pintar, tejer y hacer cursos, tareas que generalmente quedan de lado.
Comer de parado es quedar mal parado frente a la vida. Comer sentado sin pausa, sin medida es indudablemente sinónimo de sostener una enfermedad. Digamos que poner freno con la “excusa” de la ansiedad como justificativo para comer, increíblemente logra resultados de serenidad y moderación que te van a deslumbrar.