Buscar:
Su Cuento
Viernes 13
Un día accidentado pero con final feliz, contado por Susana.

Mi casa en Punta del Este es mi paraíso, por los perros, por el bosque y por la tranquilidad de la que gozo cuando estoy allá. Espero el fin de la semana con ansiedad para escaparme a mi bunker y, a veces, cuando puedo, adelanto el viaje al jueves en vez de irme el viernes para poder disfrutar de un día más.

Hace unos meses reservé el avión particular en el que viajo la mayoría de las veces para después del mediodía. Quería ver el atardecer sentada en la galería de “La Mary”, junto a mis tres amores: Cholo, Indio y Rosa. Llegamos al aeroparque a tiempo. Me estaba esperando mi piloto, entregué el documento y me subí al avión. Hasta aquí, todo normal. Estábamos carreteando para despegar cuando sentí que el avión disminuía abruptamente la velocidad. Yo, que siempre rezo un Ave María al comenzar el viaje y otro al finalizarlo, interrumpí en seco la oración para escuchar al piloto que me decía que la torre de control lo había alertado sobre la existencia de una bandada de pájaros en nuestra ruta aérea. Un verdadero peligro para las hélices, que pueden quedar obstruidas si se tiene la desgracia de atropellar un ave.

Volvimos al punto de origen y esperamos a que pasara el peligro, hasta que por el intercomunicador nos avisaron que ya estaba despejado el cielo. Retomamos el carreteo con normalidad, terminé mi oración y agarré un libro para entretenerme por el resto del viaje, quería distraerme del episodio del despegue, que ya me había dejado un poco nerviosa. Llevábamos 15 minutos sobrevolando el Río de La Plata cuando el copiloto con cara de “no se puede creer, pero es así”, me interrumpió la lectura para anunciarme que teníamos que volver al punto de partida: algo no estaba bien en el tablero y esto podía significar una falla en el motor, como es lógico no querían correr ningún riesgo.
En un silencio total y con el corazón en la boca volamos los mismos 15 minutos de regreso al aeroparque de Buenos Aires.

Después de mi ya tercera invocación a la Virgen llegamos a suelo argentino sanos y salvos. Me pidieron que me bajara del avión para evaluar el estado del motor.
Casi al mismo tiempo que aterrizamos nosotros, según me dijeron, llegaba también el avión presidencial -con la presidenta a bordo-, de manera que cuando me disponía a bajar, me pidieron que esperara un poco a que pase la comitiva.

Cuando todo estuvo en orden, me paré y agarré mis cosas. Cuando fui a dar el primer paso para bajar del avión, el taco de mi bota se quebró en dos. Si no me hubieran atajado a tiempo, habría bautizado la pista con cartera, libro y campera en mano.

En casa ya habían sido avisados de todos los inconvenientes sufridos y me esperaban en el mismo lugar en el que me habían dejado. Cuando llegue a las oficinas de Aduana vi muchas caras de preocupación, yo creí que era por la odisea que acabábamos de vivir, pero no. Tenían una nueva alerta: habían encontrado un bulto, que presumían que era una bomba en el estacionamiento, donde estaba mi auto, y estaban esperando que “explosivos” lo examinara.

A esas alturas, yo ya no sabía si reírme o llorar. Habíamos sufrido un despegue interrumpido violentamente, luego volamos con el corazón en la boca durante 30 minutos para volver al punto de partida, casi me mato de un golpe al bajar del avión, y ahora estábamos esperando a ver si volábamos o no por el aire con mi auto acunando UNA BOMBA. ¡Increíble!

Finalmente, llegaron los especialistas y la amenaza resulto ser un bulto abandonado por algún pasajero distraído que en lugar de cargarlo en su auto se lo olvidó en la playa de estacionamiento.

Terminado el capítulo “explosivo”, mi piloto llegó con la buena noticia: estaba listo con otro avión para volar a Punta del Este. Yo tenía que elegir entre las únicas dos interpretaciones posibles frente a una situación así: A) ese día no tenia que volar b) ese día podía hacer lo que se me diera la gana, mi ángel de la guarda no estaba dispuesto a permitir que me pasara nada. Yo elegí la segunda, así que me cambie y “con las botas bien puestas”, subí al nuevo avión. Después de abrocharme el cinturón rece mi Ave María con más fervor que nunca. Llegué a casa con los últimos rayos del atardecer, me senté con mis perros amados y pensé: “Soy una persona verdaderamente afortunada”.

Comentar COMENTARIOS
graciela barraza
hola SU....DEFINITIVAMENTE TODOS TENEMOS UN DIOS ...Y EL ESTABA CON VOS EN ESOS MOMENTOS.QUIZAS LA CASUALIDAD QUE ERA DIA 13 .LA PRUEBA YA LA PASASTE , DIOS SIEMPRE TE VA A ACOMPAÑAR EN LOS BUENOS Y M.
Monic
SU, realmente sos tan positiva ,debe ser por eso que te admiro.Yo jamas veo el lado malo ,siempre miro que es lo mejor que paso..
Nico
TE AMO SUSANITAAAAA!.
ESTELA DE MONTEVIDEO
MARTES 13 LO MAS LINDO Q HAY. Y TU Q SOS UNA GENIO LO SUPISTES APROVECHAR. SEGUI ASI,SIEMPRE PARA ADELANTE Y NO DEJARTE GANAR X LAS SUPERVICIONES. BESOS DESDE URUGUAY (MONTEVIDEO).
gladys
las cosas suceden cuando es su momento ni antes ni despues. un martes 13 de febrero de 1990, llegada hacia unos meses de un viaje por europa y medio oriente con mama y papa, con mis felices y bellos 3.
1 23