En estos días no hago otra cosa más que escuchar madres desesperadas que no saben qué hacer con sus hijos en las vacaciones. Parece que los chicos a pesar de la televisión, el cable, la computadora, la Play Station y no sé cuántas cosas más, están sin saber qué hacer las veinticuatro horas del día.
Es gracioso cómo ha cambiado todo. Yo no recuerdo que mis padres se hayan preocupado jamás por saber si estaba entretenida, sin embargo nunca supe lo que era estar aburrida.
Nuestras vacaciones de invierno las pasábamos sin pena ni gloria en casa, pero los veranos nos instalábamos en Alta Gracia, Córdoba, de diciembre a marzo. Mamá, mi hermano y yo siempre en la misma casa. Papá venía los fines de semana. Vivíamos en el pueblo y teníamos un jardín enorme lleno de árboles altísimos, pileta y un gallinero en el fondo. La mayor parte del tiempo la pasaba sola, trepada a los árboles, haciéndole ropa a mis muñecas, preparando engrudo con harina y agua para hacer títeres con papel de diario (que me salían espantosos, pero me encantaban). Siempre fui bastante solitaria, pero también tenía dos amigas que vivían cerca: una cordobesa y otra que como yo, llegaba todos los años después que terminaban las clases. Pelusa (la cordobesa) tenía una Siambreta y nos encantaba dar vueltas por todos lados haciendo piruetas. Hacíamos cabalgatas en grupo, nos metíamos en hoteles abandonados, subíamos al altillo de casa que estaba lleno de murciélagos, y los chicos los hacían fumar hasta explotar. Armábamos casitas arriba de los árboles o carpas en el jardín con la idea de pasar la noche (a último momento yo siempre prefería la cama, ya de chiquita era amante del confort ). En horas de la siesta, teníamos prohibido hacer ruido, así que leía Mujercitas tirada en mi cama. Por la tarde, íbamos a dos balnearios: “La paisanita” o “La serranita” a bañarnos en el río. O, simplemente, me sentaba en la puerta de casa a ver pasar en bici al chico que me gustaba.
Algunas veces investigábamos el sótano de la casa, otras jugaba con “Garufa”, un dogo callejero muy peleador que era mi amigo.
Una tarde los chicos encontraron una culebra y la abrieron con una Gillete, tenía un sapito entero adentro de la barriga, me impresionó muchísimo.
Siempre estaba vestida con mis zapatillas Boyero, una camisa de manga corta muy arremangada (como se usaba en esa época) y mis vaqueros Far West. Así andábamos todas, sólo te compraban algo cuando había que reponerlo por roto o por usado. La hora del té era sagrada. Mamá preparaba tostadas con café con leche o le compraba pastelitos de batata a una señora que pasaba con su canasta tapada con una servilleta impoluta vendiendo esos manjares. Todavía recuerdo cómo se me deshacían el boca. Confieso que llegué a robarle monedas de su cartera para comprarme algunos.
Ya en esa época me gustaba dormir hasta tarde y jamás nos íbamos a la cama sin nuestro espiral en un platito para ahuyentar a los mosquitos.
Un verano me regalaron un mono, xxxx era un genio, dormía en el cajón de mi mesa de luz. Yo le había armado su cama con frazadita y almohada y el se acostaba feliz. Le encantaba molestar a las gallinas y cuando se enojaba con ellas, porque no podía alcanzarlas, mientras las corría se ponía la mano debajo de la cola y hacía unos soruyitos que les tiraba por la cabeza como si fueran municiones. Antes de que terminara el verano, un petizero me lo robó y se lo vendió a una pareja que pasaba por el lugar. Yo no tenía consuelo. Tan mal estaba, que mis padres investigaron hasta llegar a Tigre, el lugar donde se lo habían llevado, para descubrir que había muerto de tristeza. Desde que lo separaron de nosotros no quiso comer más.
Y así pasábamos veranos inolvidables y felices, llenos de recuerdos, investigando, inventando aventuras, haciéndonos las lindas con los chicos, andando en bicicleta, disfrutando de la naturaleza y ¡sin aburrirnos jamás!
agustin
estas re buena susana te re doy mi amor soy agustin tengo 12 años de rosario.besos hermosa.
carla
Hay que olvidar,,, por eso olvidemos el caso de tu florista..ya fue..
ana
yo vivo en cordoba y paso unos veranos estupendos .
lule50
al igual que vos pase los veraneos de mi infancia en Cordoba y si ,en la hora de la siesta ,los chicos jugabamos en silencio,hablabamos en"secreto"y al oido para no despertar a los padres que dormian,.
cecilia
No puedo no escribirte ,para decirte que soy Cordobesa que hace 9 años vivo en Costa Rica,y que tu historia me transporto a la mia, mis abuelos tenian casa en Mar Chiquita de Cordoba,no hibamos mi her.