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Su Cuento
Un safari casi perfecto
En esta oportunidad, Susana se sumerge en lo profundo de la selva sudafricana.

Febrero de 1999. Cumplí mi sueño de viajar a Sudáfrica, adentrarme en la selva y respirar ese mundo exótico y salvaje. No necesito decirles cuánto me gustan los animales porque todo el mundo lo sabe, de manera que se imaginan mi excitación.

Pisamos tierra africana en Johannesburgo, alquilamos dos camionetas 4x4, cancherísimas, y allí nomás empezó la travesía. Después de seis horas de viaje, llegamos al Kruguer Park, una reserva inmensa, casi tan extensa como una provincia, dentro de la cual había un hotel fabuloso con bungalows, mimetizados con la naturaleza del lugar, con un servicio de excelencia europea.
 
Éramos ocho, Jorge (Rodríguez), dos matrimonios amigos, un camarógrafo, un fotógrafo y yo, y en tierras africanas se nos sumaron dos guías foráneos: un chofer y Patrick –que era mi preferido–, un chico joven, flaquísimo, muy serio, educado y servicial, que siempre viajaba sentado con un rifle y un palo en el frente de la camioneta. Su tarea era abrir paso y estar prevenido al movimiento de los animales, que si bien están alimentados, y por ende, no son agresivos, resultan salvajes y, en ese punto, un tanto imprevisibles.
 
No había que sacar los brazos de la 4x4 ni moverse cuando algún animal se acercaba y, poco a poco, logramos ver tres de las especies más importantes. De “los grandes” -como ellos los llaman-, ya habíamos visto leones, elefantes y rinocerontes, sólo nos faltaba ver el búfalo. Llevábamos varios días de safari y sólo nos quedaba uno. Entonces decidimos salir más al alba que nunca, no queríamos volver sin completar la lista.
 
Empieza la búsqueda
Cuatro y media de la madrugada, cargamos los equipos a la camioneta y partimos. Aunque me encantaría compartirlo con ustedes no puedo con palabras hacer justicia al describir ese amanecer, todo era perfecto, íbamos muy callados, tratando de grabar en la memoria los sonidos de la selva, el sol colorado, enorme en el horizonte, y esa mezcla de miedo y excitación de estar a metros de un tigre majestuoso de tres metros de largo, caminando lentamente, como midiéndonos, atento a nuestros movimientos.
 
Como parte del servicio, el hotel nos asignaba un chef cordon blue para las travesías por la selva, así que cerca de las ocho de la mañana paramos en la cima de una colina a tomar un desayuno exquisito con croissants calientes, café recién hecho, huevos revueltos para los más osados y todas las delicias de la cocina francesa que se puedan imaginar. Los guías tendieron alfombras en el suelo para descansar. Sacamos fotos y filmamos felices, sabiendo que no volveríamos a vivir muchos momentos como ése, teníamos una sola asignatura pendiente: el búfalo. Aunque sabíamos que cuanto más subía el sol en el cielo, menos posibilidades había de verlo, lo intentamos hasta el atardecer.
 
Volvimos exhaustos, Patrick, nuestro guía, nos consolaba diciendo que el búfalo huye de lo extraño, no es curioso como el león o amigable como el elefante, y que siempre es el que está más alejado del sector “poblado” de la reserva. Llegamos al hotel ya de noche y desde la entrada Jorge divisó una sombra enorme al lado de la pileta. “¿Qué es lo que hay ahí, Patrick?”. El africanito, que tenía ojos de lince, se paró en el paragolpes y giró la cabeza, muerto de la risa: “Eso que está ahí, ¡es un búfalo tomando agua!”.

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Annette
Q lindo cuento Su! Me hace recordar a las anecdotas q tenemos con mi marido José de la época q no teniamos chicos y nos ibamos de viaje! Luego vinieron nuestras criaturas y hubo q acomodarse!.
bernardie muñoz
me encantaron tus recuerdos,gracias x comartirlos.te requiero besos bernardie comodoro chubut.
MIRIAM ARROYO
ME ENCANTAN TUS HISTORIAS. SIEMPRE SON UNA NOVEDAD. ME DIVIERTO MUCHISIMO, LAS ENCUENTRO FASINANTES,SOLO UNA DIVA COMO VOS LAS PUEDE CONTAR. BESOS.
VALERIA-JUNIN(Bs.As)
SU, ME ENCANTA COMO SOS!!!!M RIO MUCHO.
graciela - uruguaya
Su si se daran cuenta los animales que les tenes cariño que el bufalo no quiso que te fueras sin verlo te espero para que lo admiraras, me gusto la travesia por el africa, y me gusta tu manera de apre.



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