Eran otras épocas, las de los logros, esas que recuerdo con mayor cariño. Vivíamos con Mecha en un departamento alquilado de dos ambientes, en las calles Parera y Mansilla. Era la primera vez que lograba cierta estabilidad e independencia desde la separación con Marito, (el padre de Mercedes). En esa época ser modelo no era como ahora, no había agencias que te representaran o pelearan tu cachet y nadie sabia muy bien cuánto iba a cobrar, ni que correspondía exigir.
Un día, me convocaron para un casting de Gillette, buscaban una chica para la famosa campaña “Valet, la colonia que mata”. Como a mí, le hicieron pruebas a muchísimas modelos. Era una marca importante así que todas estábamos muy interesadas. Después de algunos meses sin tener noticias, me sorprendió un día el llamado de la agencia: yo era la elegida y me citaban a una reunión. Había hecho varias publicidades, pero ninguna como protagonista, me resultaba difícil decidir cuánto dinero pedir. El alquiler de mi departamento era de 20.000 pesos, así que pensé: “yo le pido 40.000 pesos, así estoy tranquila aunque sea por dos meses”. En aquella época, mi mayor obsesión era pagar el departamento. Nunca me gustó pedir ni deberle nada a nadie.
Quizás les pareciera un cachet alto, pero estaba (y estoy) convencida que para llegar lejos hay que decir más veces NO que SI. “Tengo que hacerme valer”, me convencía a mi misma mientras caminaba hacia la agencia. El director me saludó y, sin más, fue directo al grano: “Fuiste elegida para ser La Chica Que Mata, vamos a hacer una campaña gráfica y de televisión. No sé cuánto querés ganar… nosotros teníamos pensado ofrecerte 400.000 pesos ¿te parece bien?”
La reacción
Como si alguien hubiera puesto pausa en una película, para mi la escena se congelo, solo mi mente seguía funcionando y mientras pensaba: “¿400.000? ¿Dijo 400.000, yo escuché bien?, que se podrá comprar con esa plata? ¿Cuántos meses de alquiler? ¿El tapadito que quería Mecha? ¿Un auto? ¡Dios! ¡Dijo 400.000!” Cuando pude ordenar mis pensamientos, me di cuenta que el señor me miraba esperando una respuesta. No sé qué cara tendría yo, pero él me miraba extrañado, así que trate controlarme y le dije: “¿400.000 pesos? Bueno… está bien (como quien no quiere conflictos y cede)”. Eso fue todo, no agregué más nada. No recuerdo lo que me dijo a continuación, se que a todo le contesté que sí mientras mi mente seguía sacando cuentas, cuentas y más cuentas.
Salí de la agencia y fui directo a conseguir el diario para ver qué auto podía comprar. Me alcanzaba para un Fiat 600 usado. Fui a buscar a Mercedes al colegio y la lleve a comprar el tapadito que quería, ella estaba feliz y yo no cabía en mí de la alegría.
Filmé la publicidad para Gillette con Horacio Bustos, mi primera campaña importante. Me entregaron el Fiat 600 colorado el mismo día que cobré el comercial. Lo amé con todas las fuerzas de mi corazón, más que a cualquier otro auto que me haya podido comprar después. Con respecto al alquiler, dejó de ser mi problema por unos cuantos meses. Ya tenía casa, auto, y Mecha su tapadito azul, ¿qué más podía pedir?
SONIA
Susana, que vida tan apasioante la tuya !!!!! Me encanta leer tus cuentos. Como se hace para tener tanta fuerza y optimismo ???. Besos..
Gabby
hola Susy, soy de Mar del Plata, te cuento que compartimos el amor al fitito, mi primer auto fue un fito comprandolo con lo q trabaje en la temporada de mesera de playa, ahora como los tiempos son dif.
VIOLETA
POR ALGO LEÍ ESTE CUENTO....ME COMPRE UN AUTITO CHICO PERO MIO,,,, SOS UNA GRANDE... ME HICISTE LLORAR, POR AHÍ UNO VE QUE LO DEMÁS CONSIGUEN LAS COSAS POR OTROS MEDIOS Y TE DA BRONCA UNO LABURA TANTO.
graciela
su !!!!! por eso te queremos ,porque siempre te acordas de tu comienso ,y sos una luchadora ,sos nuestra ,humilde y espontaña ,te adoro !!! besotes .
Gabriela
sabes, Su, tenes un corazon re grande, y te admiro porque siempre te acordas de donde uno empieza sos una persona admirable y se feliz, que nadie te saque esa sonrisa hermosa. muchos cariños y suerte.