Hubo una época de mi vida en la que yo viajaba mucho a Venezuela. Caracas era una muy buena plaza, con hoteles fabulosos, como el xxxx, donde paraban casi todos los artistas de habla hispana que andaban –como nosotros– de gira. En la pileta resultaba muy común encontrarse con tenistas, cantantes, modelos, actores y toreros de todas partes.
Una temporada viajé con mi representante de aquel momento, Ernesto Arraiz, que se acababa de casar con Julieta Magaña y en su luna de miel ambos me acompañaron a una gira por Centroamérica. Una noche, después de mi show, estaba comiendo sola en el restaurante del hotel y entró un hombre muy custodiado, increíblemente buen mozo, con una manera de caminar y de mirar profundas, como desafiante. Era alto, flaco, de pelo castaño y vestía impecablemente. Supuse que sería un petrolero millonario del lugar, hasta que escuché que el maître le decía: “Adelante, maestro”. ¿Maestro?, pensé, ¿quién será? El tipo me clavó los ojos todo el tramo que duro su paso frente a mi mesa. Yo traté de hacerme la tonta, pero lo cierto es que tuve que realizar un esfuerzo enorme para bajar la mirada, estaba como hipnotizada. Terminé mi cena y me fui al cuarto pensando en ese hombre.
No había terminado de entrar en mi habitación, cuando empezó a sonar el teléfono: “Hola”, dije. “¿Señorita Giménez? La llamo por orden del maestro, el señor me pide que le pregunte si quisiera usted hacerle el honor de presenciar la corrida de mañana”. Era una voz con acento español que me hablaba como si se dirigiera a la reina de España. “¿Mañana?”, pregunté para ganar tiempo, y una vez que pude procesar la información, contesté: “Encantada, gracias”, y corté. ¡Era torero! ¡Con razón esa forma de caminar y mirar! Me fui a dormir inquieta. Era una situación distinta, como de película….
Al día siguiente, me trajeron a la habitación un sobre con invitaciones especiales y partimos los tres a la plaza de toros. Yo nunca había ido a una corrida. Nos ubicaron muy cerca de la arena, según Ernesto: en un sitio ultrapreferencial. Después de todos los honores previos a su salida, apareció “el maestro” en escena. Salió al ruedo con un traje de terciopelo colorado, bordado en oro, y caminó hasta el centro de la arena sin sacarme la mirada ni un segundo, tanto, que de haber sido yo un toro estoy segura de que me hubiera rendido sin luchar.
Vimos la faena impresionados con el espectáculo y asumimos que la actuación del torero había sido sobresaliente, porque al pobre toro, como si no hubiera sido suficiente con todo lo que había tenido que pasar, recién muerto le cortaron la oreja y también la cola, máximo reconocimiento para un matador en una corrida.
¿Y a que no saben qué hizo el galante torero con su trofeo? ¡Me lo tiró como ofrenda! Bien sangrado y todavía caliente. Tuve que apelar a todos mis dotes de actriz para mostrarme agradecida, porque casi me muero de impresión.
Él no debe de haber detectado mi repulsión a su galantería, porque desde ese instante hasta el momento de mi partida (cuatros días después), no nos separamos ni un minuto. Resultó ser un andaluz encantador, sexy y misterioso, con suficientes encantos como para poder perdonarle cualquier cosa (aunque todavía sufro cuando me acuerdo de ese pobre toro).
Con respecto a mi regalo, lo tuve en un florero en el cuarto con agua y sal, como me dijeron que debía conservarlo, no era precisamente decorativo y de noche me traía serios problemas para conciliar el sueño, pero no sabía qué hacer...Tenía miedo de tirarlo y que alguien del hotel se lo contara. Como se imaginarán, por más buen mozo que fuera el torero, no me iba a llevar a Buenos Aires la oreja y el rabo de un toro muerto.
Como en las películas románticas, cada uno siguió su camino, él con su temporada de corridas por México y Venezuela, y yo, con mi gira por América.
Hablamos muchas veces por teléfono. por suerte, nunca me preguntó qué había hecho con su regalo que, obviamente, quedó abandonado en la mesa de luz de aquella habitación (¡gracias a Dios!), junto con mi insomnio.
nadia
Para aquellos que les interesa el futuro, les recomiendo dos libros que en Internet son gratuitos. Me refiero a:
EL SHOCK DEL SIGLO XXI
¿Por qué el mundo va hacia una crisis?
¿Como.
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Aquiles en la batalla de esta vuestra vida, "VIDA que porta una daga que tiene filo pero no lastima, con la sabiduria de Ulises, para darte solo Paz, tranquilidad y Un Tornado de "Felicidad" Te Amo Su.
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Susana,,, algun dia llamame ,,,no las llamadas pueden costar mucho ,,,solo mandame un Mje , pues pregunta lo que tu quieras ,,, yo seré el que te responda c/el espiritu , calme tus emociones,, El aqui.
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Te cuento un SECRETO, en mi mente tengo una estanteria, cargada ,al repleto de besos, de amor ,comprencion, terura, por ejemplo y miles mas , es mas,son tantos que los tengo etiquetados c/codigo de ba.
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4)mirarte, y al verte enloquecer de placer 5) escuchar tus gemidos como musica en mis oidos y al fuego de tu vientre emulando el volcan edna, comerme todo su fuego "Te Amo" vida mia .