Buscar:
Su Humor
Carta a una amiga
En el mes de la mujer nuestra columnista de “humor femenino”, elige resaltar otro aspecto de nuestra femeneidad no menos propio: el valor de la amistad frente al dolor de la pérdida. Nos promete recuperar su sonrisa, pero para el próximo número.

Hace exactamente un año estábamos todas en casa, sentadas en ronda en el piso del living,como lo hacíamos siempre. El calor era agobiante. Pero la temperatura no era lo único que nos agobiaba. En silencio nos mirábamos y nadie se atrevía a decir una palabra. Supongo que no hacían falta o tal vez no podíamos, o ni siquiera nos atrevíamos a pensar qué se dice en esos casos. Quizá simplemente éramos incapaces de hablar.
Estuvimos largo rato sentadas mirándonos en silencio, como tratando de buscar una explicación a lo inexplicable, intentando entender algo que no tenía razón ni entendimiento. Cada tanto alguna se levantaba a buscar algo de la heladera y otras, sin cesar, fumábamos, intentando en vano, en cada pitada que el humo se llevara eso que nos ocurría a todas.

Últimamente estábamos muy unidas, casi inseparables, como advirtiendo el futuro, como previendo la ausencia. El calor se hacía cada vez más intenso y la pesadez de nuestras almas nos paralizaba cada vez más. Todas sabíamos que debíamos ir, pero nadie se atrevía si quiera a decirlo. Seguíamos ahí paralizadas como si al no movernos detuviéramos un poco el tiempo, como si ese quedarnos quietas detuviera el dolor, como si tanta quietud pudiera al menos detener algo. Algunas, las más valientes dejaban deslizar lágrimas, pero rápidamente eran secadas como para prevenir el contagio, otras, esperábamos que el coraje nos levantara y nos hiciera reaccionar. No sé bien cuánto tiempo pasó, en mi memoria recuerdo esos instantes como eternos, como si el tiempo caprichosamente se hubiera detenido y decidido no avanzar más.

El silencio era nuestra comunión, algo impensado para nuestros encuentros que siempre estaban colmados de risa y reflexión.

En un momento comenzamos a mirarnos y a sonreírnos tímidamente, esas sonrisas a medio labio que una esboza en momentos de dolor, esas sonrisas que una hace cuando ya no modo de soportar el silencio. No puedo recordar qué día era exactamente, tal vez porque que mi memoria es débil o porque me niegue tal vez como protección a recordarlo. Estábamos transitando un verano distinto, un momento distinto, cada una a su manera, pero con un mismo sentimiento: el dolor. “¡Por Dios!” –pensaba-, mientras las observaba una a una. “Qué alguien se atreva a decirlo, que alguna rompa el silencio y hable”. Era insoportable tanto silencio, a decir verdad el dolor era insoportable.

Prendí mi cigarrillo número 10 y tomé valor: “Vamos”, dije. Automáticamente todas se pararon como obedeciendo una orden y fueron repitiendo una a la vez: “sí, vamos”, “vamos”, “vamos”… Nos ayudamos a levantarnos tendiéndonos la mano, dándonos fuerza, valor, apoyo. Fuimos a mi placard y buscamos algunos abrigos, aun sabiendo que hacía casi cuarenta grados, pero todas sentíamos la necesidad de abrigarnos. Las despedidas suelen ser frías, pero al alma no se abriga con nada y lo sabíamos.

En silencio y como en procesión nos subimos a los autos. Nos repartimos prolijamente para que ninguna estuviera sola ni excesivamente acompañada. No recuerdo cuánto tardamos en llegar, sólo que el camino fue eterno y que no quería llegar, aún cuando estaba ansiosa por hacerlo. Estacionamos y caminamos varias cuadras. Parecíamos zombies. El dolor cuando es fuerte te despersonaliza, te aplasta, te convierte en alguien que no sos y hace que tu cuerpo pese, ¿será que el alma pesa más cuando está llena de lágrimas? Algunas se tomaron de la manos, otras decidieron caminar más atrás, pero de todas formas estábamos unidas, como a ella le gustaba. Pero esta vez era distinto. Esta vez estábamos unidas en mismo dolor, en un mismo llanto, empezando a transitar un camino hacia lo inevitable. Empezando a comprender que se nos venía un camino de ausencia, de preguntas, de impotencias, de enojo, de muchos por qué. Y ahí fue AMIGA cuando todas empezamos a transitar el doloroso camino de extrañarte.

Comentar COMENTARIOS
carmen
solo felicitarte maju es muy bueno lo que escribis besos.
Lucrecia
Me gustó muchisimo tu carta Maju, si antes me parecias una mujer fuera de serie, con éste relato donde se ve otro costado de tu ser, con una sensibilidad increible; no tengo más que palabras de admir.
susana
hola maju,lo que escribiste me lleno el alma y se agrando mi corazon, justamente en febreo hizo 10 años que fallecio mi gran amiga pero siempre estoy con ella porque su espiritu esta siempre conmigo.g.
rosana de rsario
hola Maju, tu carta me emociono porque yo pase por lo mismo perdi a una amiga muy querida, tenia todo lo que merecia por a gran persona que era, una amiga con todas las letras, ya hace 4 años de su vi.
Fior de Cba...
Me gusto mucho tu relato ya que a mi me paso algo similar, aunque no era mi mejor amigo o integrante de mi "junta", era amigo de todos y se nos fue, y con mis amigas estuvimos en mi casa pensando y pe.